Autora: Katarzyna Dunin Borkowski
Profesora de la Universidad Católica San Pablo
Hay un impuesto silencioso que está estrangulando a miles de MYPEs peruanas, y casi nadie habla de él.
Cada vez que una MYPE pauta un anuncio en Instagram, TikTok o Google y paga con su tarjeta de crédito, una guillotina tributaria se activa: el fisco exige retener el 30% sobre lo pagado a estos proveedores no domiciliados. Sin embargo, los gigantes tecnológicos no negocian con las MYPEs. Sus términos son inflexibles y exigen recibir el pago neto, sin descuentos.
¿El resultado? Las MYPEs terminan asumiendo ese impuesto con su propio dinero.
Cuando cumplir con la ley resulta más costoso
Entonces llega el golpe más duro: ese 30% que las MYPEs desembolsan a la SUNAT por cuenta del proveedor no puede deducirse como gasto. A ello se suma el IGV del 18% por utilización de servicios.
En otras palabras, registrar un gasto real, necesario y absolutamente legítimo termina convirtiéndose en un castigo económico.
La paradoja es contundente: la ley premia a quien oculta sus operaciones y penaliza a quien decide cumplir.
Un alivio que no alcanza
Podría decirse que el alivio ya está en camino. El Convenio para Evitar la Doble Imposición con el Reino Unido aplicará al Impuesto a la Renta desde el 1 de enero de 2027.
Sin embargo, conviene no celebrar antes de tiempo.
Ese acuerdo solo comprende al Reino Unido —Gran Bretaña e Irlanda del Norte— y deja fuera a la República de Irlanda, Estado independiente de la Unión Europea donde, atraídas por su tasa corporativa del 12,5%, se ubican las sedes europeas de Meta, Google y TikTok.
La solución, por tanto, será apenas un parche.

Una carga que limita la competitividad
No existe justificación para que una norma vuelva imposible deducir un desembolso genuino y cuantioso que las MYPEs realizan para competir en el mercado digital.
Las grandes empresas suelen recurrir a agencias de publicidad que sí pueden negociar con las plataformas tecnológicas y conseguir que acepten la retención. Las MYPEs, en cambio, no cuentan con ese margen de negociación.
La solución resulta clara y urgente: reducir la retención del 30% al 5% para la publicidad digital y reconocerla como el gasto indispensable para competir que realmente representa.
Mientras ello no ocurra, seguirá repitiéndose la misma paradoja: las MYPEs que apuestan por la formalidad continuarán pagando la cuenta más cara.