Por estos días resulta difícil recordar que estamos en elecciones porque aún no hay candidatos firmes y ya faltan tres semanas para la segunda vuelta. Sabemos que habrá boda el 7 de junio, pero formalmente aún no hay novios comprometidos.
Una boda sin novios comprometidos
Todo parece indicar que se hará público el domingo, según ha indicado el JNE, que como suegra malhumorada se demora en brindar su bendición para el matrimonio y, a pesar de que López Aliaga ha dicho que buscará entrar a la iglesia cuando el sacerdote diga «si alguien aquí se opone a este matrimonio, que hable ahora o calle para siempre», se espera que logre frenarlo.
A Rafael le habría venido bien un aliado en el Palacio de Gobierno, pero por su falta de olfato político y exaltación desmesurada, quitó de presidente a Jerí, que pintaba como buen padrino de bodas, y llegó Balcázar, que no deja duda sobre el favoritismo que tiene por el novio; al final es su tocayo ideológico.
La novia y el padre político del novio
Si bien a la novia la han dejado plantada tres veces en el altar, ella jura que este novio no es como los otros, es limeño y vive en San Borja. No es ni gringo ni soldado y, por más que se pone el sombrero chotano, tampoco es profesor.
Por su parte, el padre —político— del novio es Yehude Simón, exgobernador de Lambayeque y fundador del partido del novio. De él denuncia que le robó Juntos por el Perú y que no se le haría raro que no solo le quiera robar el corazón al Perú, sino también todo lo que lleva puesto.
Como están las cosas, el desenlace de esta novela lo sabremos —si nos va bien— una semana después de la boda.
Por Carlos Timaná Kure
Director del Centro de Gobierno de la Universidad Católica San Pablo