La inteligencia artificial, el machine learning y el deep learning se mencionan cada vez más en empresas, medios y universidades del Perú. Sin embargo, a menudo se utilizan como sinónimos, lo que genera expectativas irreales, decisiones de inversión poco claras y confusión en la gestión del talento.
Entender las diferencias entre estos conceptos resulta, entonces, elemental para la organización del trabajo, la definición de perfiles profesionales y la planificación de proyectos de transformación digital en el país.
La inteligencia artificial (IA) es el campo de la computación que busca desarrollar sistemas capaces de realizar tareas que requieren inteligencia humana: reconocer patrones, interpretar lenguaje natural, tomar decisiones, aprender de la experiencia, entre otros.
Algunos ejemplos son:
El machine learning (aprendizaje automático) es una rama de la IA que permite que los sistemas “aprendan” a partir de datos. En vez de programar todas las reglas manualmente, se entrena un modelo con ejemplos para que pueda predecir, clasificar o recomendar.
Aplicaciones de machine learning:
El foco del machine learning está en construir modelos que mejoran su desempeño a medida que reciben más datos de entrenamiento.
El deep learning (aprendizaje profundo) es un tipo específico de machine learning que utiliza redes neuronales artificiales con muchas capas. Estas redes son especialmente potentes para procesar datos complejos o no estructurados, como imágenes, audio o lenguaje natural.
El deep learning suele requerir más datos y mayor capacidad de cómputo, pero ofrece resultados sobresalientes en tareas de alta complejidad.
En nuestro contexto laboral, confundir inteligencia artificial, machine learning y deep learning , tiene consecuencias concretas:
1. Proyectos mal definidos y expectativas irreales
Cuando todo se llama “IA”:
2. Contratación de perfiles inadecuados
Si una empresa busca “expertos en IA” sin diferenciar entre analítica de datos, machine learning clásico o deep learning puede contratar perfiles sobrecualificados para tareas simples o, al revés, contratar perfiles sin suficiente especialización para desafíos complejos.
Esto afecta tanto la eficiencia de los equipos como la satisfacción profesional.
3. Inversión tecnológica mal orientada
Confundir estos niveles de tecnología puede llevar a:
Esta mala asignación de inversión tecnológica impacta directamente en la competitividad.
4. Comunicación poco clara dentro de las organizaciones
Cuando directivos, áreas de sistemas y equipos de negocio no comparten un entendimiento básico:
La inteligencia artificial, el machine learning y el deep learning no son sinónimos, aunque estén estrechamente relacionados. Entender sus diferencias es fundamental no solo desde el punto de vista técnico, sino para:
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