La calidad de la educación es un factor determinante para el desarrollo de las sociedades. Sin embargo, garantizar que los estudiantes accedan a la escuela no es suficiente: también es necesario que desarrollen las competencias necesarias para comprender su entorno, resolver problemas y desenvolverse en un mundo en constante transformación.
En este contexto, el Informe PISA permite analizar qué están aprendiendo los estudiantes y cuáles son los principales desafíos de los sistemas educativos. Sus resultados ofrecen información relevante para comprender las brechas existentes, identificar experiencias que pueden servir de referencia y orientar decisiones para mejorar la enseñanza.
La publicación de los resultados de PISA 2025 vuelve a poner estas preguntas en el centro del debate educativo. Más allá de las posiciones que ocupa cada país, sus hallazgos permiten reflexionar sobre qué funciona, qué necesita mejorar y qué papel cumplen los docentes y las instituciones educativas en este proceso.
El Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés) es una iniciativa de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que evalúa los conocimientos y las competencias de estudiantes de 15 años de distintos países y economías.
A diferencia de las evaluaciones centradas en la memorización de contenidos, PISA busca identificar si los estudiantes pueden aplicar lo aprendido a situaciones reales, interpretar información, resolver problemas y construir conclusiones fundamentadas. Sus principales áreas de evaluación son la lectura, las matemáticas y las ciencias. En el ciclo 2025, las ciencias constituyeron el área principal de evaluación y se incorporó, además, una evaluación sobre el aprendizaje en entornos digitales.
La relevancia de PISA radica en que permite comparar resultados entre sistemas educativos y analizar su evolución a lo largo del tiempo. Esta información ayuda a identificar dificultades de aprendizaje, estudiar las desigualdades educativas y reconocer aspectos que pueden orientar las políticas públicas.
No obstante, sus resultados deben interpretarse considerando las características sociales, económicas y educativas de cada país. PISA no explica por sí solo todas las causas del rendimiento escolar, pero ofrece evidencia valiosa para comprender los desafíos y formular mejores estrategias de intervención.
Los resultados de PISA 2025 muestran que mejorar los aprendizajes continúa siendo un desafío internacional. Según la OCDE, el rendimiento promedio de sus países miembros alcanzó los niveles más bajos registrados hasta la fecha en lectura y matemáticas. En ciencias, los resultados se mantuvieron estables entre 2022 y 2025, después de la tendencia descendente observada durante años anteriores.
Entre 2015 y 2025, la puntuación promedio de los países de la OCDE disminuyó 28 puntos en lectura y 22 puntos en matemáticas. Estas tendencias evidencian dificultades persistentes para desarrollar competencias fundamentales en una parte importante de la población estudiantil.
A partir de estos resultados, destacan tres tendencias:
Los resultados también muestran que la evolución educativa no es igual en todos los países. Mientras algunos han conseguido mejorar en determinadas competencias, otros continúan enfrentando dificultades para recuperar o sostener sus niveles de desempeño. Esto refuerza la importancia de analizar las políticas educativas y las prácticas de enseñanza de cada contexto.
En PISA 2025, los sistemas educativos de las regiones chinas de Pekín, Shanghái, Jiangsu y Zhejiang, junto con Singapur, registraron los desempeños más altos en las tres áreas evaluadas. Estonia, Japón, Corea del Sur, Macao, Taipéi Chino y Reino Unido también destacaron entre los sistemas con mejores resultados.
Sin embargo, comprender estas experiencias requiere ir más allá de los rankings. La posición de un país no constituye, por sí sola, una explicación de su calidad educativa. Para identificar aprendizajes útiles, es necesario analizar las características de sus políticas, la organización de sus sistemas y las condiciones en las que se desarrolla la enseñanza.
Entre los aspectos relevantes para estudiar estas experiencias se encuentran:
Estas características no garantizan automáticamente mejores resultados ni se pueden trasladar de un país a otro sin adaptaciones. Cada sistema educativo tiene condiciones particulares. La principal lección consiste en estudiar qué estrategias funcionan, comprender por qué lo hacen y evaluar cómo podrían aplicarse en otros contextos.
Para América Latina, los resultados de PISA plantean el desafío de mejorar las competencias fundamentales y, al mismo tiempo, reducir las desigualdades que condicionan las oportunidades de aprendizaje.
Las diferencias socioeconómicas, el acceso desigual a recursos educativos y las condiciones de las escuelas influyen en las trayectorias de los estudiantes. Por ello, mejorar la calidad educativa requiere combinar estrategias de enseñanza efectivas con medidas que respondan a las necesidades de las poblaciones más vulnerables.
También es importante fortalecer la formación docente, mejorar el acompañamiento pedagógico y utilizar la evidencia disponible para orientar las decisiones educativas. Las experiencias internacionales pueden ofrecer referencias útiles, siempre que se adapten a las características y necesidades de cada país.
En el Perú, los resultados de PISA 2025 muestran que todavía existen dificultades importantes para alcanzar los niveles de competencia esperados. Los estudiantes peruanos obtuvieron resultados inferiores al promedio de la OCDE en matemáticas, lectura y ciencias. Además, el país continúa enfrentando brechas entre estudiantes de distintos contextos socioeconómicos.
Estos hallazgos deben analizarse junto con la evolución del rendimiento educativo y las condiciones en las que aprenden los estudiantes. Las diferencias territoriales, la disponibilidad de recursos, la infraestructura y las oportunidades de acceso a una enseñanza de calidad forman parte de los desafíos que deben atenderse.
Frente a este panorama, algunas prioridades para el país son:
El reto no consiste únicamente en mejorar la posición del Perú en una evaluación internacional, sino en lograr que más estudiantes desarrollen las competencias necesarias para continuar aprendiendo y participar plenamente en la sociedad.
Los resultados de PISA ponen de manifiesto que mejorar los aprendizajes exige más que actualizar los contenidos curriculares o incorporar nuevas herramientas tecnológicas. También requiere profesionales capaces de interpretar evidencia, reconocer las necesidades de sus estudiantes y adaptar sus estrategias de enseñanza.
En este contexto, los docentes y otros profesionales de la educación enfrentan desafíos relacionados con:
El desarrollo de estas competencias requiere formación continua, reflexión sobre la práctica y oportunidades para actualizar los conocimientos profesionales. Los cursos, las especializaciones y los programas de postgrado pueden contribuir a fortalecer estas capacidades y preparar a los profesionales para responder a las transformaciones del sector educativo.
El Informe PISA 2025 evidencia que mejorar los aprendizajes y reducir las brechas educativas siguen siendo desafíos prioritarios. Sus resultados invitan a mirar más allá de los rankings y a analizar qué decisiones pueden contribuir a construir sistemas educativos más equitativos y capaces de responder a las necesidades actuales.
Para el Perú, avanzar en esta dirección requiere fortalecer las competencias fundamentales, mejorar las oportunidades de aprendizaje y promover el desarrollo profesional de quienes participan en la educación.
En este escenario, la formación continua adquiere especial relevancia para los profesionales que buscan contribuir a la innovación pedagógica y a la mejora de los sistemas educativos. La Escuela de Educación de la Universidad Católica San Pablo ofrece cursos y programas especializados orientados al desarrollo profesional y a los desafíos de la educación contemporánea.
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